El éxodo de Silicon Valley

Posted by John B. Taylor on Jan 5, 2021 11:16:25 AM
John B. Taylor

"En cualquier caso, en un recorrido por Silicon Valley me encuentro con que los estacionamientos de Google, Facebook y Apple ahora están vacíos".

STANFORD – La noticia en Silicon Valley es que algunas de las empresas más dinámicas de Estados Unidos levantan campamento y se van de California. Hewlett Packard Enterprise, la empresa que crearon Bill Hewlett y David Packard en un garaje de Palo Alto en 1939, decidió trasladar sus oficinas centrales a Houston (Texas); y Oracle, la gigante del área del software, ya se mudó de Redwood City (California) a Austin (Texas).

En tanto, Elon Musk, director ejecutivo de Tesla y SpaceX, anunció que él también se va a Texas, lo mismo que Joe Lonsdale (fundador de la empresa de análisis de datos Palantir), que se lleva con él su empresa de capitales de riesgo 8VC. Lonsdale está tan desencantado con el «estado dorado» que anunció su mudanza públicamente en una columna de opinión para el Wall Street Journal con el título «California, amarla y dejarla».

Claro que muchos observadores económicos ya habían advertido el éxodo antes de que se convirtiera en estampida. Las charlas que doy a amigos de la Hoover Institution de Stanford antes tenían lugar en California, pero ahora a menudo tengo que viajar a Dallas u otras ciudades, porque muchos se fueron allí.

Hay varias explicaciones posibles para estas mudanzas, y una de las más evidentes es la alta fiscalidad californiana. La alícuota máxima del impuesto a la renta de las personas en California es 13,3%, y 8% en el tramo de renta imponible situado entre 45 753 y 57 824 dólares (para contribuyentes solteros). En cambio, Texas no tiene impuesto a la renta de las personas. Asimismo, el impuesto de sociedades en California es 8,84%, pero no existe en Texas, que en vez de eso cobra un impuesto de franquicia de alrededor del 1% en promedio (sobre la base del ingreso bruto). Finalmente, California tiene un impuesto del 7,25% a las ventas, contra 6,25% en Texas.

Además, si bien el impuesto efectivo promedio a las propiedades en California es inferior al de Texas, el nivel de precios de los inmuebles anula la diferencia. El tipo impositivo promedio sumando impuesto de parcela y tasas llega a alrededor del 1% en California y alrededor de 1,9% en Texas. Pero como en California el precio de la vivienda promedio es aproximadamente 450 000 dólares, el promedio del impuesto inmobiliario es del orden de los 4500 dólares al año, contra menos de 2800 en Texas, donde el precio de la vivienda promedio es alrededor de 146 000 dólares.

Otro factor que alienta mudanzas es la diferencia en materia regulatoria. Según el Pacific Research Institute, California es el segundo estado con mayor carga regulatoria laboral en Estados Unidos, según un puntaje compuesto por siete categorías de normativa laboral: seguro de riesgo, seguro de desempleo, seguro por incapacidad temporal, licencia profesional obligatoria, salario mínimo, falta de normas contra la sindicalización compulsiva y prestaciones médicas obligatorias. Cada regulación (incluidas las que no parecen tales, como la obligatoriedad de licencia profesional) supone costos de cumplimiento, cuyo peso es relativamente mayor en el caso de pequeñas empresas nuevas.

También hay grandes diferencias en cuanto a la regulación de usos residenciales, comerciales o recreacionales de la tierra. En concreto, algunas normas (que a menudo dependen de los gobiernos de ciudades o condados) impiden o restringen la construcción de viviendas, y esto aumenta su costo. Una investigación publicada por los economistas Kyle Herkenhoff, Lee Ohanian y Edward Prescott muestra que California tiene una de las normativas más restrictivas de Estados Unidos en este sentido, mientras que «Texas tiene el menor nivel de regulaciones sobre uso de la tierra».

La pandemia de COVID‑19 potenció estas disparidades impositivas y regulatorias, al demostrar que muchas personas (sobre todo en el sector de la tecnología) no necesitan vivir cerca del lugar donde trabajan. De modo que el éxodo desde Silicon Valley obedece en parte a innovaciones en el área de las telecomunicaciones, por ejemplo los servicios de videoconferencia. En un informe reciente de Oracle a la Comisión de Valores de los Estados Unidos, la empresa señala en relación con su mudanza que «muchos de nuestros empleados pueden elegir la ubicación de su oficina y si quieren seguir trabajando desde casa en forma parcial o total».

En cualquier caso, en una recorrida por Silicon Valley me encuentro con que los estacionamientos de Google, Facebook y Apple ahora están vacíos. Sea que estas empresas también muden sus oficinas centrales o no, ya es evidente que en la «nueva normalidad» posterior a la pandemia una proporción mucho mayor de sus empleados trabajarán en forma remota. Facebook considera que en el futuro, alrededor de la mitad de sus empleados serán teletrabajadores.

¿Reducirán los gobiernos del estado de California y de sus ciudades onerosos impuestos, regulaciones y otras barreras, para detener la huida? En la elección de noviembre hubo varias decisiones importantes de los votantes que dan esperanzas de posibles cambios. Por ejemplo, los californianos aprobaron la Propuesta 22, que clasifica como contratistas independientes a los conductores que trabajan para aplicaciones de taxis. Al hacerlo, los votantes anularon parte de una norma aprobada por la legislatura de California (la «Assembly Bill 5») que desde septiembre de 2019 restringía las oportunidades de los conductores de esas aplicaciones al considerarlos empleados.

Otra buena señal es que los votantes californianos rechazaron la Propuesta 15, que hubiera iniciado una enmienda constitucional para subir impuestos a predios comerciales e industriales. Los votantes se dieron cuenta de que era un ataque a la Propuesta 13, votada en las urnas en 1978, que desde aquel tiempo sirvió de límite al impuesto inmobiliario. Pese al apoyo dado por el gobernador Gavin Newsom a la Propuesta 15, una mayoría de los californianos comprendió que en última instancia, un aumento de impuestos agravaría los problemas del estado.

Y fuerzas de dinamismo subyacentes siguen operando. Una empresa de Silicon Valley, Zoom Video Communications, está impulsando el crecimiento del teletrabajo. Pero no hay que darse por satisfechos. Incluso si los estacionamientos empiezan a llenarse otra vez a la par que se distribuyen las vacunas contra la COVID‑19, muchas empresas seguirán yéndose del estado a menos que se reduzcan los costos de la actividad empresarial. Encima, en vez de resolver las razones del éxodo, los legisladores del estado en Sacramento ahora hablan de un nuevo impuesto a la riqueza, otra medida que sin duda empeoraría las cosas.

Las autoridades no han sabido enfrentar el creciente problema de las personas sin techo en San Francisco y Los Ángeles, ni los incendios forestales que azotan al estado, de modo que la capacidad de California para ofrecer una alta calidad de vida está en riesgo. Pero como me dijo una figura destacada del ámbito empresarial que hace poco también se fue del estado: «Sigo amando a California y espero poder ayudar a que las cosas mejoren». Ya es hora de poner manos a la obra.


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Topics: Covid-19, Opinion, project syndicate, Silicon Valley

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