Una nueva estrategia fiscal para Alemania

Alemania necesita una política fiscal eficiente, previsora y proactiva que apuntale el crecimiento sostenible sin provocar más inflación. Al mismo tiempo, debe tener en cuenta los desafíos geoestratégicos globales y colaborar con el sector privado para la modernización económica, la digitalización y la transformación a la neutralidad de carbono.

El extraordinario shock de la aún no terminada pandemia de COVID‑19 y el impacto de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania repercuten por toda la economía alemana. Marcados incrementos en los precios de la energía y de las materias primas, junto con nuevas interrupciones que se suman a las que ya había en las cadenas globales de suministro, postergan la recuperación económica. Los precios que pagan consumidores y productores aumentan al ritmo más veloz en medio siglo, mientras se revisan a la baja los pronósticos de crecimiento del PIB.

A la par de estos shocks, Alemania enfrenta importantes desafíos a mediano y largo plazo, que pueden frenar todavía más el crecimiento y contribuir a una mayor inflación. En primer lugar, tras la reunificación de Alemania en 1990, se produjo una marcada caída del crecimiento de la productividad, que desde la crisis financiera global de 2008 permanece limitado. Una mayor productividad es esencial para obtener crecimiento económico, competitividad y estabilidad de precios a largo plazo.

Además, a Alemania le espera una marcada aceleración de los cambios demográficos, con un gran aumento del cociente entre pensionados y personas en edad de trabajar en la segunda mitad de esta década. Esto intensificará las presiones sobre los sistemas de seguridad social y los mercados laborales, donde la falta de acceso suficiente a trabajadores calificados (que ya es un problema) limitará las perspectivas de crecimiento económico a mediano plazo.

El crecimiento futuro también puede verse muy disminuido si las necesarias inversiones en la descarbonización no se materializan, o si la transición de Alemania hacia la neutralidad climática resulta demasiado disruptiva. Para el desarrollo de las fuentes de energía renovables es esencial un aumento del costo de los combustibles fósiles mediante la aplicación de impuestos al carbono; pero estos cambios intencionales de los precios relativos pueden provocar un aumento del nivel general de precios.

Por último, la economía exportadora alemana es muy dependiente del funcionamiento y de la resiliencia de las cadenas de suministro internacionales, que desde 2020 se han mostrado frágiles y vulnerables a alteraciones persistentes. Una reorganización o retroceso parcial del comercio internacional que impida a Alemania seguir dando por sentados los beneficios de la división internacional del trabajo puede provocar menor crecimiento y más inflación.

En este contexto, Alemania necesita una política fiscal eficiente, previsora y proactiva que apuntale el crecimiento sostenible sin provocar más inflación, por medio de políticas orientadas a la oferta, de modo tal de contrarrestar los riesgos estanflacionarios actuales. Al mismo tiempo, la política fiscal debe tener en cuenta los desafíos geoestratégicos globales de la actualidad y colaborar con las fuerzas del sector privado necesarias para la modernización económica, la digitalización y la transformación a la neutralidad de carbono.

La nueva estrategia fiscal que presentamos hace poco en el Ministerio Federal de Finanzas refleja estos principios. La estrategia se apoya en tres pilares, y busca llegar a un equilibrio cuidadosamente calibrado entre hacer frente a la crisis actual y prevenir la acumulación de ulteriores presiones inflacionarias.

El primer pilar es una respuesta enérgica y decidida a hechos excepcionales como la guerra que se desarrolla en Ucrania. Con este objetivo, el gobierno ya implementó dos paquetes de alivio para hogares y empresas que padecen el marcado aumento de los precios de la energía (esto incluye una rápida implementación de transferencias por única vez a hogares vulnerables). También estamos protegiendo a las empresas más afectadas. Para no crear más presiones inflacionarias, estas medidas de mitigación de impacto son limitadas, temporales y selectivas. Esto implica, por ejemplo, concentrar al principio la provisión de apoyo a las empresas, para garantizar que firmas que han sido muy afectadas pero normalmente serían rentables sobrevivan a la crisis.

La capacidad del gobierno para dar esta respuesta es resultado del margen fiscal acumulado antes de la pandemia. La prudencia de los buenos tiempos nos permitió contar con suficientes reservas financieras para fortalecer la resiliencia de la economía en respuesta a la COVID‑19 y ahora ante la guerra en Ucrania.

El segundo pilar de nuestra estrategia fiscal apunta a iniciar un crecimiento económico auto sostenido, liberando las fuerzas de asignación y producción del mercado. Por eso, un componente esencial de nuestros esfuerzos por mitigar los riesgos de estanflación es el uso de políticas orientadas a la oferta.

La estrategia prevé una movilización fiscal de la inversión privada, sin agravar las presiones inflacionarias sobre la economía. Esto implica proveer incentivos atractivos para empresas y personal calificado y mejorar las oportunidades de financiación para emprendimientos prometedores que asuman riesgos.

Más en general, tenemos que fortalecer la posición de Alemania en cuanto lugar favorable a los negocios. Esto demanda un entorno más propicio a la innovación, con un sistema tributario competitivo, una administración pública modernizada y simplificación de procedimientos. La velocidad con la que Alemania está construyendo terminales de gas natural licuado y acelerando la transición energética es un ejemplo de las posibilidades. Ahora es urgente emprender iniciativas similares en otros sectores.

El tercer pilar de nuestra estrategia pone el acento en la resiliencia fiscal y con ella, en la sostenibilidad de la deuda. Muestra de ello es el compromiso del gobierno con no demorar más allá del año entrante el regreso a la aplicación del «freno» constitucional a la deuda (una regla de equilibrio fiscal que limita el endeudamiento público). Salir de la expansión fiscal y regresar a una política neutral también colaborará en el combate a la inflación.

Volver al equilibrio fiscal estructural protegerá la sostenibilidad de las finanzas públicas y ayudará a mantener la confianza de los inversores y la confianza de la población en el gobierno. Tres elementos que el gobierno de coalición necesitará para obtener financiación para sus proyectos de modernización.

En momentos de aumento de las expectativas inflacionarias, la resiliencia fiscal y un mayor crecimiento de la productividad son metas complementarias que ayudarán a moderar la inflación y fortalecer la economía alemana. 

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